Sierra de Guadarrama: Alta montaña

Siete Picos [A.Moreno / Fototeca CENEAM]

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    Por encima de los 1900 metros de altitud, las condiciones climáticas se hacen especialmente duras. El tiempo puede presentar fuertes oscilaciones, a veces en el transcurso de unas horas; así, a un día de intensa insolación puede sucederle una noche de duras heladas. Durante los meses más fríos la nieve es abundante, impidiendo el crecimiento del arbolado. La vegetación que prospera en estos lugares está formada por los piornales y los pastizales de alta montaña, que se alternan con las pedreras y los afloramientos rocosos.

     

    Los prados de cumbres

    Estos prados son denominados en la literatura científica como “prados psicroxerófilos”, debido a dos rasgos que caracterizan estos ambientes: el frío y la sequedad. Aunque en las cumbres las precipitaciones son elevadas, aquí el agua está congelada durante gran parte del año y, además, los vientos soplan con fuerza, lo que incrementa la sequedad. A pesar de encontrarse en zonas muy altas, no suelen estar cubiertos por la nieve durante periodos muy prolongados, ya que se trata de lugares muy expuestos en los que la nieve es barrida por el viento.

    Los prados de cumbres son uno de los hábitats de mayor interés, ya que aquí encontramos un conjunto de especies muy singulares, adaptadas a las duras condiciones de la alta montaña serrana. La especie que domina el paisaje vegetal es el rompebarrigas (Festuca indigesta), una hierba de hojas cortas, rizadas y rígidas de apenas un palmo de altura, que a menudo se dispone formando orlas o terracillas, debido a fenómenos de periglaciarismo. Las especies típicas en estos ambientes son, casi siempre, de muy escasa talla. Entre las más comunes podemos citar Jurinea humilis, un pequeño cardo de flores púrpuras, Jasione crispa subsp. Centralis de aspecto almohadillado y atractivas flores de color azul pálido y el erizo de la sierra (Armeria caespitosa) de llamativas flores rosadas. Las adaptaciones a la escasez de agua son evidentes en todas estas especies.

     

    Roquedos de alta montaña

    Estos enclaves presentan, al igual que los anteriores, unas durísimas condiciones ambientales, destacando su aridez y bajísimas temperaturas. Hay que destacar aquí las comunidades de líquenes, que presentan una elevada diversidad de especies. Por ejemplo, en el Parque Natural de Peñalara se han encontrado 141 especies de líquenes que viven sobre las rocas. El más característico y abundante de estos líquenes es el Rhizocarpon geograficum, que tiene el aspecto de una costra verde amarillenta y que debe su nombre a su parecido con un mapa.

    En los roquedos de alta montaña encontramos un interesante conjunto de plantas, que se asientan en grietas y repisas. Destacan la consuelda (Saxifraga pentadactylis), la alquimila (Alchemila saxatilis) y la murbequiela (Murbeckiella boryi).

     

    Piornales

    Son matorrales densos en los que domina el piorno serrano (Cytisus oromediterraneus), un arbusto de ramas verdes y flexibles, gracias a las cuales puede permanecer enterrado por la nieve sin sufrir daños durante buena parte del invierno. Otro arbusto común en estas formaciones es el enebro rastrero (Juniperus communis subsp. hemisphaerica). Los piornales se extienden desde el límite superior del pinar hasta los 2000 o 2200 metros de altitud, aproximadamente.

    A finales de junio, con la floración del piorno, las laderas altas de Guadarrama se tiñen de amarillo, marcando bien la distribución de los piornales en la zona. La floración del piorno constituye un auténtico espectáculo que ya llamó la atención de los viajeros que cruzaban los puertos serranos en el siglo XIX. Así, Charles Dembowski, narrando un viaje desde Madrid a Segovia, se refiere al puerto de Navacerrada, cuyas cercanías “están tapizadas de hermoso color amarillo por las retamas” (1838-1840).

    Entre las especies vegetales más características de este ambiente podemos citar al espárrago de lobo (Orobanche rapum-genistae), especie que vive a expensas del piorno, y el hierbaluco (Linaria nivea).

     

    Prados húmedos, cervunales

    En las zonas que cuentan con suelos muy húmedos pero bien drenados, aparecen unos céspedes muy compactos en los que domina el cervuno (Nardus stricta). Son frecuentes en el piso del piornal debido a las elevadas precipitaciones y al aporte regular de agua que proporciona el deshielo. Se localizan en depresiones o rellanos, donde el agua tiene mayor tendencia a acumularse. Se trata de pastos muy nutritivos para el ganado, por lo que han sido aprovechados tradicionalmente en la época estival.

    Entre las especies vegetales que pueden encontrarse en los cervunales destacaremos el narciso nival (Narcissus bulbocodium), el azafrán serrano (Crocus carpetanus), el gallarito (Pedicularis sylvatica) y una vistosa campanilla de flores moradas (Campanula herminii).

     

    Canchales

    Son acumulaciones de piedras sueltas que aparecen en las cumbres y las cabeceras altas, asociadas casi siempre a afloramientos rocosos importantes. Se componen de piedras angulosas de diversos tamaños, en general más grandes, aunque también con tamaños más diversos, cerca de los resaltes rocosos, y de menos tamaño, y con dimensiones más homogéneas, en las partes más bajas. Los fragmentos rocosos que componen canchales o pedreras se han originado por la acción del hielo, que ha ido desmenuzando las rocas.

    Las pedreras son un medio móvil inestable, sometido también a fuertes contrastes térmicos. A primera vista parecen desiertos de vida, aunque una observación detallada permite descubrir un variado conjunto de especies. Entre las plantas que arraigan en estos difíciles medios pueden citarse el cerezo aliso (Prunus padus) y la dedalera (Digitalis purpurea). Pero quizá la especie más característica en las pedreras de la zona sea un helecho, Criptogramma crispa, cuyas frondes de color verde vivo empiezan a surgir entre las piedras con la llegada del buen tiempo.

     

    Turberas y pastizales higroturbosos

    Estos enclaves, de reducida extensión, aparecen en zonas encharcadas y bastante planas en las que el agua se acumula de forma continuada. En la zona son denominados trampales (cuando se pisa sobre ellos el suelo se hunde), tremedales o paulares. En estos lugares el aporte de restos de vegetación muerta se produce a mayor velocidad que su descomposición, acumulándose así la turba.

    Se trata de ambientes muy pobres en oxígeno (el agua no se mueve apenas y por eso contiene poco oxígeno), muy ácidos y notablemente fríos. La mayoría de los microorganismos capaces de degradar la materia orgánica son aerobios (no pueden vivir en ausencia de oxígeno). Por eso, la materia vegetal se va acumulando sin descomponer. En estos ambientes también son muy escasos los nitratos, ya que escasean las bacterias nitrificantes, que son aerobias y prosperan en cambio las desnitrificantes, que viven en ausencia de oxígeno (anaerobias).

    El conjunto de especies vegetales adaptado a estos ambientes es, como puede suponerse, muy singular. Dominan los musgos (principalmente el género Sphagnum) y los cárices. También encontramos aquí la atrapamoscas (Drosera rotundifolia). Otras especies típicas de estos enclaves son el brezo de turbera (Erica tetralix) y la violeta palustre (Viola palustris), una delicada violeta de flores blancas.

     

    Lagunas

    Las lagunas de la Sierra de Guadarrama son de origen glaciar y se encuentran por encima de los 2.000 metros de altitud. Destacan por su interés la laguna Grande de Peñalara, la laguna de Los Pájaros, el conjunto de Cinco Lagunas y la Laguna de El Nevero.

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