Productos químicos

Las sustancias químicas desempeñan un papel fundamental en nuestras actividades cotidianas. Forman parte de los dispositivos que utilizamos para garantizar nuestro bienestar, proteger nuestra salud o hacer frente a nuevos desafíos mediante la innovación. Son los pilares de tecnologías, materiales y productos con bajas emisiones de carbono, no contaminantes y eficientes en el uso de energía y recursos. 

Pero existen sustancias químicas con propiedades peligrosas que pueden dañar nuestra salud y el medio ambiente. Algunas de ellas provocan cáncer, afectan a los sistemas inmunitario, respiratorio, reproductor y cardiovascular, son alteradores endocrinos o aumentan nuestra vulnerabilidad frente a las enfermedades. Además, la contaminación química incide en crisis como el cambio climático, la degradación de los ecosistemas o la pérdida de biodiversidad. 

Por todo ello resulta fundamental un marco legislativo que priorice la protección de la salud y el medioambiente frente a los químicos peligrosos, al tiempo que promueva la innovación hacia sustancias seguras y sostenibles.

REACH y CLP

El Reglamento REACH tiene el objetivo de garantizar un elevado nivel de protección de la salud humana y del medio ambiente, así como la libre circulación de sustancias en el mercado interior de la Unión Europea, facilitando el acceso de los ciudadanos a información sobre estas sustancias químicas.

Junto con el Reglamento REACH, cabe mencionar el Reglamento (CE) nº 1272/2008 (Reglamento CLP), sobre Clasificación, Etiquetado y Envasado de sustancias y mezclas. Esta legislación introduce en la Unión Europea un nuevo sistema para clasificar,  etiquetar y envasar sustancias y mezclas químicas, basado en el Sistema Globalmente Armonizado (SGA, GHS) de las Naciones Unidas. De acuerdo con el Reglamento CLP, la industria deberá establecer los peligros de las sustancias y mezclas antes de su comercialización, y clasificarlas, etiquetarlas y envasarlas de acuerdo a los peligros identificados, con el fin de informar a los usuarios.

Biocidas y fitosanitarios

Cabe resaltar las competencias que tiene el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en materia de evaluación de riesgo ambiental, clasificación y etiquetado (peligros para el medio ambiente), en el ámbito de los productos biocidas (Directiva 98/8/CE y Reglamento 528/2012) y fitosanitarios (Reglamento (CE) nº 1107/2009), así como en la valoración del impacto ambiental de los fertilizantes orgánicos y órgano-minerales en el medio.

Dentro de esta evaluación de biocidas y fitosanitarios se incluye desde 2018 la necesidad de evaluar las posibles propiedades de alteración endocrina de estas sustancias. Se trata de evaluar las sustancias químicas como posibles alteradores del sistema endocrino, con el objetivo de poder identificarlas e incluirlas como sustancias de extrema preocupación junto con las sustancias químicas consideradas carcinógenas, mutágenas y tóxicas para la reproducción, y de esta forma poder reducir su uso y que puedan llegar a ser sustituidas por otras alternativas más seguras. Para facilitar dicha evaluación, la Comisión Europea solicitó a la ECHA y a la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria), un documento de orientación para identificar los posibles alteradores endocrinos en el contexto de los Reglamentos europeos de comercialización de productos fitosanitarios y de biocidas.   

COP

Dentro de los productos químicos peligrosos, hay que destacar los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP), sustancias químicas que tienen una elevada permanencia ambiental por ser resistentes a la degradación, son bioacumulables (se incorporan a los tejidos de los seres vivos) y son altamente tóxicas. A ello se añade su gran potencial para transportarse a largas distancias, pudiendo llegar a regiones en las que nunca se han producido o utilizado. La comunidad internacional ha generado instrumentos para regular y controlar los COP: el más ambicioso es el Convenio de Estocolmo, negociado en el ámbito del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), cuyo objetivo es proteger la salud humana y el medio ambiente frente a los COP, eliminando y, cuando esto no sea posible, reduciendo las emisiones y las descargas de estos contaminantes.

PIC

Junto al Convenio de Estocolmo, hay que señalar también el Convenio de Rotterdam sobre el procedimiento de consentimiento fundamentado previo (CFP, PIC: Prior Informed Consent) para la exportación-importación de productos químicos peligrosos, aplicable a ciertos plaguicidas y productos químicos peligrosos objeto de comercio internacional. El objetivo del Convenio es promover la responsabilidad compartida y los esfuerzos conjuntos de las Partes que integran dicho Convenio en la esfera del comercio internacional de productos químicos peligrosos. Por tanto, se obliga a los países que tienen previsto exportar un producto químico cuya utilización esté prohibida o rigurosamente restringida en su territorio, a informar al país importador de que se va a efectuar una de tales exportaciones y contar con el consentimiento fundamentado previo (PIC) de la Parte importadora.

Mercurio

Reconociendo que el mercurio es motivo de preocupación global para la salud humana y el medio ambiente, dentro del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), se ha negociado y aprobado el Convenio de Minamata sobre el Mercurio, que se firmó en octubre de 2013, después de un proceso de negociación iniciado en 2009, en el cual participaron más de 150 gobiernos, cerca de 60 ONG y 14 Organizaciones Intergubernamentales. El Convenio toma su nombre de la ciudad de Minamata, en Japón, donde en los años 50 se produjo uno de los mayores desastres sanitarios y ambientales debidos a la contaminación por mercurio. El Convenio pretende controlar las emisiones antropogénicas de mercurio, a lo largo de todo su ciclo de vida. El tema del mercurio también se ha abordado en el ámbito de la Unión Europea, a través de distinta normativa de aplicación en España.

SAICM

El Enfoque Estratégico para la Gestión de Productos Químicos a nivel Internacional, conocido como SAICM, es un acuerdo voluntario desarrollado en el marco del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) para proteger la salud humana y el medio ambiente. Fue aprobado en una Conferencia Internacional sobre Gestión de Productos Químicos (Dubai, 2006), tras un proceso de negociación en el que participaron representantes de gobiernos, organizaciones intergubernamentales y la sociedad civil. Su objetivo es que, para el año 2020, los productos químicos se utilicen de forma que se minimicen de forma significativa sus impactos adversos sobre el medio ambiente y la salud humana.
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