Teide: Valores culturales

El Parque Nacional del Teide no solo destaca por su impresionante paisaje volcánico y su biodiversidad, también conserva importantes testimonios de la relación del ser humano con este territorio a lo largo de los siglos. Las huellas más antiguas corresponden a los guanches, los primeros habitantes de Tenerife, que acudían cada verano a Las Cañadas en busca de pastos para sus rebaños de cabras y ovejas. Durante su estancia, se refugiaban en cabañas de piedra y ramas, construidas en zonas protegidas y cercanas a manantiales.

Este uso estacional ha dejado numerosos yacimientos arqueológicos, como restos de construcciones, enterramientos, piezas de cerámica, herramientas de obsidiana y objetos de uso cotidiano. Algunas pertenencias eran escondidas entre grietas de la roca para no tener que transportarlas cada año. En caso de fallecimiento, los cuerpos se momificaban y se enterraban en cuevas o grietas cercanas, reservando este rito a personas de relevancia social.

Pero el vínculo de los guanches con el Teide iba más allá de lo material. El imponente volcán era visto como un lugar sagrado, posiblemente el centro simbólico de su cosmovisión. A la funcionalidad del entorno —como la talla de útiles o la recolección de plantas— se sumaba una dimensión espiritual, que convertía al Teide no solo en recurso, sino también en referencia trascendental dentro del mundo aborigen.

Durante siglos, Las Cañadas fueron una zona clave para el pastoreo. Tras la conquista, continuaron estas prácticas ganaderas con rebaños semisalvajes que aprovechaban la vegetación de alta montaña. Esta actividad, heredera de las costumbres aborígenes, se mantuvo hasta 1954, cuando se declaró el parque nacional y se prohibió por su impacto en la vegetación. Aún hoy son visibles los restos de antiguas cabañas, rediles y caminos trashumantes.

Otro de los usos tradicionales más relevantes fue el de los arrieros, que cruzaban Las Cañadas por rutas como el histórico “Camino de Chasna”, uniendo el norte y el sur de la isla. Estas rutas eran vitales para el comercio y el intercambio cultural. Los famosos "cochineros", por ejemplo, recorrían la isla vendiendo lechones, utilizando estas mismas sendas.

También se practicó la apicultura, trasladando colmenas a Las Cañadas durante la primavera y el verano, una tradición que aún hoy se mantiene de forma regulada. Otro ejemplo es la extracción de nieve y hielo por parte de los neveros, que subían hasta zonas elevadas como Montaña Blanca o la Cueva del Hielo para abastecer a las ciudades costeras. Transportaban el hielo en grandes cestas, usando sal para conservarlo.

Además, durante siglos se desarrollaron actividades extractivas como el carboneo, la recogida de azufre en las fumarolas del Teide o la extracción de piedra pómez y arenas. Estas últimas se prohibieron legalmente en 1981. Hoy solo se mantiene como tradición la recogida de tierras de colores para confeccionar las alfombras de La Orotava en el Corpus Christi.

Estos usos, tanto prehistóricos como históricos nos ayudan a comprender mejor cómo el ser humano ha interactuado con este paisaje único, y forman parte del valioso patrimonio cultural del Parque Nacional del Teide.