El Parque Nacional de Cabañeros debe su nombre a los tradicionales chozos o cabañas cónicas utilizados secularmente por pastores y carboneros como refugio temporal durante sus faenas en el campo. Estas construcciones, levantadas con mampostería y techadas con vegetación del entorno, constituyen el símbolo etnográfico por excelencia de los Montes de Toledo. Aunque en la actualidad solo se conservan restaurados algunos ejemplares, los numerosos «fondos de choza» dispersos por el territorio revelan la profunda huella de esta arquitectura popular.
La presencia humana en este espacio se remonta a tiempos inmemoriales, con vestigios arqueológicos que abarcan desde el Paleolítico Inferior hasta pequeños poblados de la Edad del Bronce, atestiguando una ocupación continuada ligada a la explotación de los recursos naturales. Históricamente, las actividades tradicionales que definieron la vida y la economía de las poblaciones locales fueron la extracción de carbón vegetal (el carboneo), el pastoreo extensivo, la apicultura, la saca de corcho y una agricultura de subsistencia adaptada a la dureza del terreno.
Este territorio estuvo estrechamente vinculado a la ciudad de Toledo desde 1246 hasta la desamortización de Madoz en el siglo XIX. Sus estrictas Ordenanzas de Uso —compiladas ya en el siglo XVI— regularon rigurosamente actividades como la agricultura, la ganadería, el carboneo y el aprovechamiento forestal, lo que permitió salvaguardar las masas forestales. Aquel marco normativo, combinado con un severo sistema fiscal (con tributos históricos como el «dozavo» sobre producciones, el «portazgo» en el Puerto Mancho o el «humazgo» sobre el carboneo) y una orografía agreste, propició el despoblamiento de numerosos núcleos a lo largo de los siglos. Tras las ventas desamortizadoras, el territorio quedó configurado en manos de grandes propietarios, dando origen a las fincas de vasta extensión características de la actualidad.
Los municipios que integran hoy el territorio del Parque Nacional y su entorno son Alcoba (junto con Santa Quiteria), Hontanar, Horcajo de los Montes, Los Navalucillos (incluyendo Robledo del Buey, Los Alares y Valdeazores), Navas de Estena y Retuerta del Bullaque (con Pueblonuevo del Bullaque y El Molinillo).
Con la declaración del espacio protegido, muchos de los usos tradicionales experimentaron profundas regulaciones para garantizar la preservación de los ecosistemas. No obstante, actividades de arraigada tradición como el descorche de los alcornoques y la apicultura continúan practicándose hoy en día de forma controlada y compatible. Actualmente, la gestión del Parque asume como un objetivo prioritario la conservación activa y la divulgación de este rico patrimonio cultural y etnográfico, asegurando que las formas de vida tradicionales que modelaron el paisaje de Cabañeros permanezcan vivas en la memoria colectiva.