CÓDIGO ECOLÓGICO DE LA CIRCULACIÓN POR CAMINOS

    1. Ir despacio, a velocidad sostenida y sin cambiar de marchas ni hacer giros bruscos, manteniendo un ritmo regular y continuo. 

    De esta forma no se levanta polvo, no se arrancan piedras (sobre todo con neumáticos estrechos o de tacos), se evitan las escarbaduras sobre el piso y se reduce el ruido; a la vez que se eluden o reducen los atropellos de animales.

    2. Alternar el paso de las ruedas por las diferentes zonas de rodadura, especialmente por los resaltes. En definitiva, cambiar las rodadas para no machacar siempre los mismos puntos como si fueran las vías del tren. 

    De tal modo no se forman relejes, causa de los abultados lomos centrales, y se evitan las carriladas profundas, las mismas que luego se descarnan y erosionan con las escorrentías del agua de lluvia haciendo de los caminos ramblas y arroyos más que vías de tránsito. 

     

    3.  Parar y bajarse a quitar las piedras sueltas, ruladas o desprendidas que se encuentre uno al paso, situándolas convenientemente a los lados, bien apartadas para no cegar las cunetas cuando las haya. 

    No confiar siempre esta tarea a los que vengan después: "quien venga detrás que arree" no debe ser lema de un ecológico conductor de caminos, que no se escudará nunca en la idea de que por allí no va a volver a pasar.

    4. Arreglar con más detenimiento los deterioros producidos por la fuerza mayor y los debidos al paso del tiempo, para impedir que vayan a más: colmatación de hoyos, recebo de los puntos más castigados en curvas y cuestas, reconstrucción de desagües, relleno de los baches y zonas blandas con piedras y grava.
    Todo ello hecho por sí mismo, cuando se pueda, o con la ayuda de otros si resulta necesaria. 

     

     

     

     

    5.  Tomar conciencia de que hay que colaborar con quienes estén encargados del arreglo de los caminos, incluso cuando sean de titularidad pública, más aún si lo son de simple uso común. Colaboración que obliga en especial a quienes los utilizan, por lo que siempre serán pocas las labores y acciones preventivas para reducir el trabajo y los gastos de conservación.

     

    6.  Nunca salirse de los límites de un carril ya trazado, ceñirse a sus cembos, sin ensanchar sus calles ni hacer derivaciones, vías paralelas o desdoblamientos, que perjudican la capa vegetal y desorientan a otros usuarios.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    7.  No recortar ramas ni arrancar arbustos para ensanchar el paso que el camino tenga, manteniendo el disimulo que la naturaleza le haya podido proporcionar, dejándolo tan desapercibido y camuflado como se encuentre.

     

     

    8.  No arrojar nunca desde los vehículos objeto alguno, por pequeño que sea, ni tan siquiera puntas de cigarrillo, aunque el riesgo de incendios sea nulo: las colillas también dañan a la vista en la naturaleza. 

     

     

     

     

     

     

     

     

    9.  Nunca hacer trabajos de mantenimiento de vehículos (cambios de aceite, filtros, etc.) en los caminos del campo ni en sus bordes, y menos aún dejar a su vera envoltorios de repuestos o piezas desechadas, ni sobras de fluidos, lubricantes o combustibles. 

     

     

     

     

     

     

     

     

    10.  No usar las fuentes y los ríos como lavaderos, porque el brillo del coche no debe sacarse a costa de manchar la pureza ni enturbiar la cristalinidad corrientes naturales de agua. 

     

     

     

     

     

     

    11.  Respetar cualesquiera indicaciones que se hagan visibles, y atender los avisos que inviten a observar precauciones especiales con la flora, fauna, gea, agua y naturaleza en general.  

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    12.  Abrir y cerrar con cuidado las puertas y vallas que se pongan al paso, dejándolas exactamente igual que se las encuentre, porque casi siempre cumplen la función de retener ganado o fauna cinegética que podrían originar daños de quedar libres.  

     

     

     

    13.  Dar prioridad a cualquier animal que se interponga o cruce, grande o chico, del suelo o del cielo, incluso a los insectos, reptiles o batracios, porque el coche, fuera de sus feudos, va el último en cualquier orden de preferencias. 

     

     

     

     

     

    14.  Vigilar constantemente un eventual prendimiento de fuego por el escape si atravesamos carriles abandonados o abiertos entre pastizales, rastrojos o herbazales secos. 

     

     

     

     

     

     

    15.  Jamás tocar el claxon ni producir acelerones, no dar ráfagas luminosas o hacer innecesarios cambios de luces bruscos o reiterados, lo que sólo sirve para soliviantar o asustar a los animales. 

     

     

     

     

     

     

    16.  Por la noche, poner siempre las luces adecuadas a cada situación para la mejor defensa de la fauna, tanto la que come como la que vela, duerme o reposa en el camino o en sus proximidades, siempre amenazada de atropello o choque con esos antinaturales trastos a motor con que los seres racionales invaden lo que sólo de los genuinos pobladores del campo ha sido desde tiempo inmemorial y que ahora el hombre les usurpa con su prepotencia.

     

    17. Llevar siempre el motor a punto, bien reglado y ajustado, para no echar a la atmósfera más gases nocivos de los que ya, por desgracia, producen los motores de combustión en su normal funcionamiento.

     

     

     

     

     

     

    18. Nunca circular con juntas flojas, retenes sueltos, tapones mal cerrados o depósitos abiertos. Ni ir sin tubo de escape, con escape libre o trucado, o con el silenciador roto. La tierra no tiene que recibir residuos, ni el aire emisiones, ni los demás usuarios del campo agresiones a sus sentidos, recibidos de Dios para gozar de la naturaleza y no para sufrir en ella.

     

    19. Denunciar cualquier delito ecológico (caza furtiva, envenenamiento de animales, contaminación de suelos y aguas) o acción ilegal contra el medio ambiente (vertidos incontrolados, basureros, cierre de caminos, edificaciones ilegales, obras sin licencia, talas, roturaciones, desmontes) y avisar de los accidentes y desastres naturales (incendios, inundaciones, derrumbamientos, roturas de infraestructuras públicas). 

     

     

     

     

     

    La privilegiada atalaya de observación de los conductores de caminos, en lugares solitarios o abandonados, y la independencia de su criterio, con ausencia de intereses y condicionantes, los hacen idealmente libres para descubrir y denunciar las conductas desaprensivas y evitar o aminorar los efectos de catástrofes y sucesos imprevistos.

    Avisos al Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, SEPRONA
    Teléfono 062 (ó 112 donde exista).

     

     

     

     

     

     

    20.  Acomodar la conducción a las condiciones climáticas del lugar y a las meteorológicas del momento, de las que siempre podrá obtenerse información anticipada a través del Instituto Nacional de Meteorología, a cualquier hora y para cualquier zona de la geografía española. 

    (TELETIEMPO: 
    Teléfono 906 365 365
    información meteorológica permanente).

     

    21.  Cumplir la normativa medioambiental de las Comunidades Autónomas, las leyes generales del Estado y las ordenanzas de los Municipios, sin pasar por donde esté prohibido hacerlo o a las horas en que lo esté, ni desobedecer las indicaciones de agentes públicos, vigilantes o guardas con autoridad para impartirlas.

     

     

     

     

     

    22. No disparar contra ningún animal desde el vehículo, ni usarlo como medio de caza (y menos de caza furtiva). El automóvil no ha sido hecho para esa finalidad; y a la ética del cazador le van poco los métodos ventajistas. Además, se trata de infracciones castigadas por las leyes de caza, que también imponen la pérdida del carné de conducir.

     

    23.  Cuando haya concluido su vida útil (por el paso de los años, por avería o por accidente), nunca abandonar el vehículo en el campo. Si tan buen compañero fue y tantos servicios prestó, lo mejor sería depositarlo en un cementerio de automóviles con gestión medioambiental controlada para que descanse en paz. 

    Eso es lo que se merecen los coches con los que sus conductores vivieron una parte de su historia; y lo que piden los campos de España, que, sin merma de su belleza natural, esperan que otros nuevos los recorran y sus ocupantes los disfruten.

    24. Llevar siempre a mano en la guantera del vehículo este manual para releerlo de vez en cuando, consultarlo cuando haga falta y poder ofrecer su lectura a los acompañantes y compañeros de excursión y travesías.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    25.  Divulgar estas pautas de comportamiento entre familiares y conocidos.

Semana Europea de la Movilidad 2017

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