Dispersión química

    Los hidrocarburos derramados en el mar flotan y se propagan formando una mancha. La acción de las olas y la turbulencia debida a las mareas y a las corrientes hacen que una parte de los hidrocarburos se fragmenten formando pequeñas gotas que pueden ser arrastradas hacia el fondo en la columna de agua. Este proceso, conocido como dispersión, puede intensificarse si se aplican dispersantes.

     

    Los dispersantes son agentes químicos que alteran el comportamiento físico de los hidrocarburos sobre la superficie del mar. Consisten en una mezcla de agentes tensioactivos disueltos en un solvente que ayuda a que la mezcla penetre en los hidrocarburos. Los agentes tensioactivos reducen la tensión superficial de los hidrocarburos, aumentando así la velocidad de formación de pequeñas gotas e inhibiendo su coalescencia. Sus efectos son:

     

    1. Evitan que los hidrocarburos se desplacen a causa de la acción del viento (a menudo hacia el litoral). En consecuencia, los dispersantes pueden contribuir a la protección del litoral y otras zonas sensibles que podrían verse afectadas si los hidrocarburos permanecieran en la superficie del mar,
    2. Amplían la exposición de la vida marina a los hidrocarburos en el lugar donde éstos hayan sido dispersados. De este modo, los dispersantes potencian la toxicidad local de los hidrocarburos,
    3. Potencian la biodegradación de los hidrocarburos en el medio marino. Los hidrocarburos finamente dispersados presentan una gran interfaz hidrocarburos-agua que favorece la biodegradabilidad de los hidrocarburos

     

    Las primeras composiciones de dispersantes (conocidas en ocasiones como de primera generación) eran por sí mismas altamente tóxicas. Sin embargo, durante los últimos años se han desarrollado productos dispersantes con una toxicidad moderada o baja. Por regla general, la toxicidad de los dispersantes modernos (de segunda y de tercera generación) no supera a la de los hidrocarburos dispersados y, utilizándolos en la dosis adecuada, la toxicidad producida por la dispersión equivale a la toxicidad de los hidrocarburos dispersados.

     

    El empleo de dispersantes debe decidirse mediante una comparación de los daños potenciales que pueden causar al medio ambiente los hidrocarburos tratados y no tratados, tomando en consideración tanto los efectos a largo plazo como a corto plazo. Cuando se estén identificando las zonas en las que se pueden aplicar los dispersantes, generalmente son preferibles las zonas con una gran capacidad de dilución y lavado, como por ejemplo aguas abiertas. Por el contrario, deben evitarse en general las zonas en las que la mezcla de dispersantes-hidrocarburos pueda quedar concentrada o tener un largo periodo de residencia, como por ejemplo aguas confinadas, pequeñas bahías, puertos cerrados y marismas. Sin embargo, estas generalizaciones dependen de una tercera consideración: la sensibilidad de los recursos ambientales a los hidrocarburos dispersados. Algunos entornos ambientales son muy sensibles de manera que, aun con sistemas ideales de dilución y lavado, se ven afectados negativamente por la toxicidad de los hidrocarburos dispersados.

    Por último, la utilización de los dispersantes en las aguas españolas está sujeta a un doble requisito:

    1. que el producto esté previamente incluido en la lista de productos homologados por la Dirección General de Marina Mercante
    2. que su uso sea autorizado en cada caso por la Capitanía Marítima correspondiente

     

     

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