Doñana: El águila imperial, nuestra rapaz más amenazada.

Marisma. J.M.Reyero

Esta gran ave, endémica de la Península Ibérica, puede llegar a alcanzar 220 cm de envergadura y más de 3 kg de peso. Los adultos son de color oscuro y complexión robusta, con hombros y nuca blancos.

Hábitat: Vive en las zonas montañosas y de bosque mediterráneo del suroccidente de la península ibérica, necesitando grandes árboles para nidificar (se conoce algún caso de nidificación en torres de alta tensión).

Alimentación: Carnívora. La base principal de su dieta son los conejos (Oryctolagus cuniculus), liebres (Lepus granatensis) y gran diversidad de aves, como ánsar común (Anser anser), focha (Fulica atra), ánade azulón (Anas platyrhynchos), paloma torcaz (Columba palumbus), urraca (Pica pica), y también reptiles, peces e incluso carroña.

Distribución: Restringida al suroeste de la península ibérica. En España vive en el Sistema Central, Montes de Toledo, Extremadura (sierras de Monfragüe, Llanos de Trujillo, embalse de Alcántara, sierras de Coria y Tierra de Barros), sierras de Almadén-Guadiana, Sierra Madrona, Sierra Morena, Doñana, Marismas del Guadalquivir y Laguna de la Janda, en Cádiz.

En el siglo XIX, su área de distribución se extendía al centro y sur de Portugal, zona de Tánger y montañas del Rif en Marruecos y la mayor parte de España, con la excepción de la Cordillera Cantábrica y los Pirineos.

A principios del siglo XX, la especie era relativamente común en nuestro país, pero desde entonces la población ha disminuido dramáticamente. En los años 60 y 70 estuvo cerca de la extinción, con solo 30 parejas conocidas, y comenzaron los primeros avances en su conservación, con los trabajos de conocimiento de su biología, los programas de detección y corrección de tendidos eléctricos peligrosos, campañas antiveneno y alimentación suplementaria.  Actualmente, con unas 500 parejas en la península ibérica, su situación ha mejorado significativamente.

En cualquier caso, las tres amenazas principales de esta Águila siguen siendo la electrocución en torretas de electricidad, la baja productividad por la escasez de una de sus presas principales, el conejo, y el envenenamiento.

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