La fauna de Doñana

Marisma. J.M.Reyero

Grandes cifras y grandes nombres

El Parque Nacional de Doñana se descubrió al mundo como coto de caza y refugio para las aves. Desde entonces, su importancia ecológica se ha basado en sus valores faunísticos, especialmente en su condición de humedal que alberga una gran diversidad de aves acuáticas. Sin embargo, el elevado grado de conservación de sus ecosistemas permite que cuente también con una fauna de vertebrados e invertebrados de gran importancia, por su elevado número y la singularidad de algunas de sus especies.

El Parque Nacional acoge más de 400 especies de aves (unas 130 reproductoras habituales), unos 50 de mamíferos terrestres y marinos, 25 de reptiles, 11 de anfibios y más de 70 de peces, incluyendo el estuario. Son cifras excepcionales en Europa, que además incluyen especies de gran valor por encontrarse amenazadas a nivel planetario, como el lince ibérico, la tortuga mora, el salinete o el águila imperial.

Por otro lado, el conocimiento de los invertebrados de Doñana es relativamente escaso aunque son de vital importancia en la reproducción y dispersión de las especies vegetales, en el funcionamiento general de los ecosistemas y en las redes tróficas. Las especies de crustáceos acuáticos y los insectos constituyen la base alimenticia de muchas especies de vertebrados.

La continua investigación hace que en Doñana se sigan descubriendo especies. Entre las más recientes, la hormiga tartésica, muy abundante en los arenales del monte blanco.

En Doñana viven tres razas autóctonas en peligro de extinción: el caballo de la retuerta, caballo marismeño y vaca marismeña. Todas están registradas en el catálogo Oficial de Razas de Ganado de España. Se trata de especies con un origen ancestral, y con una vida vinculada históricamente al Parque Nacional, en régimen de semi-libertad.

Pero el fenómeno que convierte a Doñana en un espacio de excepcional importancia para la fauna es la migración de sus aves.

La fauna en movimiento. La vida en los humedales

Doñana, por su ubicación geográfica al sur de Europa y cerca del continente africano, es un lugar de vital importancia para muchas aves migratorias que encuentran aquí un lugar de invernada o de cría. Algunas especies vienen de lugares cercanos y otras proceden de regiones muy alejadas, y Doñana no es siempre el punto de destino de estas aves. Muchas escogen estas tierras como área de descanso y alimento en sus largos viajes entre Europa y África. Entre los millones de aves que anualmente pasan por este territorio las hay muy diferentes: rapaces, zancudas, limícolas, gaviotas, palomas o incluso pequeños pájaros; pero las más notorias por su abundancia y vistosidad son las acuáticas.

Las aves acuáticas en Doñana están muy bien representadas, especialmente por las poblaciones migratorias invernales. Cuando en el norte de Europa comienzan las primeras nevadas y las aguas se hielan, el territorio ofrece muy poco alimento para un gran número de aves que deben iniciar sus viajes migratorios. En esos momentos, las primeras lluvias y el rocío de la mañana hacen renacer en Doñana una trama de humedales que ofrece abundante alimento para las aves. Doñana, noche tras noche, se va llenando de graznidos gozosos. Las aves invernantes habitan estas tierras entre octubre y febrero, y entre ellas destaca por su número el ánsar común.

Avanza el tiempo, crecen los días y suben las temperaturas: ya es primavera. Las tierras del norte ofrecen alimento renovado y cobijo a quienes deben emprender su marcha para la cría; desde el África subsahariana, otras poblaciones van llegando. Buscan el alimento que ya escasea en sus refugios de invierno, con la premura de instalar sus nidos. Son las aves estivales, que de principios de marzo hasta finales de agosto viven en Doñana.

Además del amplio abanico de especies de aves distintas que concurren en este territorio, cabe resaltar la gran abundancia y concentración de muchas de ellas. En un solo invierno, en Doñana se pueden concentrar ser unos 200.000 individuos.

El ánsar común es una de las especies emblemáticas de las Marismas del Guadalquivir. A Doñana llega cada año la población que se reproduce en los países escandinavos, Holanda, Alemania, oeste de Polonia y la República Checa, por lo que la salud y el número de sus poblaciones dependen en gran medida de las condiciones que se encuentren en estas Marismas.

En el Parque Nacional se cazaron ánsares hasta 1983, aprovechando la costumbre de estas aves de ir a la duna más alta y extensa de Doñana, el Cerro de los Ánsares, para “comer arena”. La ingestión de arena y pequeñas piedrecitas les ayuda a digerir los rizomas de castañuela, uno de sus principales alimentos durante la invernada. Contemplar al amanecer grandes bandos de ánsares volando desde la marisma a la cresta de esta duna, es uno de las experiencias más hermosas de Doñana. Aún hoy sigue existiendo un número importante de perdigones de plomo en esta duna que son ingeridos por los ánsares. Su acumulación puede desembocar en la enfermedad letal denominada plumbismo. Actualmente, la retirada de plomo de este Cerro es una tarea habitual del voluntariado y la sensibilización ambiental en el Parque Nacional de Doñana.

Antes de abandonar la marisma, nos detendremos en dos especies que despiertan gran curiosidad: el morito y el flamenco.

El morito común es el único ibis europeo, y aparece catalogado a nivel nacional como ave de interés especial. No nidificaba en las Marismas desde hacía décadas y lo volvió a hacer a partir de 1996, tras la fuerte sequía de los primeros años noventa, pasando de siete parejas reproductoras en 1996 a casi 2500 en 2010. Los moritos se instalaron en el Lucio Cerrado Garrido, junto al Centro de Visitantes José Antonio Valverde, convirtiéndose en un recurso de gran interés para la divulgación en Doñana.

Muchos visitantes creen que el flamenco común es una de las aves reproductoras más características de Doñana. Sin embargo, esta especie se considera como reproductora ocasional en las Marismas del Guadalquivir ya que solo intenta la cría en años en los que las precipitaciones proporcionan zonas adecuadas para ello. Fue en las Marismas de Doñana, en 1883, donde la observación de los nidos de flamencos permitió describir por primera vez la posición y forma de incubación de los flamencos con exactitud, ya que durante los dos siglos anteriores se había creído que el flamenco permanecía de pie en un nido construido hasta su altura, tal y como había sido descrito en el S. XVII

Diversidad y emblemas. La vida en las arenas

En la playa del Parque se pueden ver durante todo el año dos especies de limícolos: el chorlitejo patinegro, que se reproduce en escaso número por encima de la zona mareal y el correlimos tridáctilo, que se reproduce en tierras árticas. No es la costa de Doñana un lugar importante para la reproducción de las aves, aunque la presencia de limícolos y gaviotas de varias especies supone un atractivo para cualquier visitante. Por otro lado, la costa de Doñana aloja a mamíferos marinos como el delfín mular y la marsopa común. A su orilla, arrastrados por las mareas, llegan tortugas marinas, rorcuales y varias especies de delfines, la mayoría de las veces ya sin vida. Pero su presencia ofrece una gran cantidad de información para conocer la diversidad de la vida marina, y en algunos casos, sus amenazas.

En las zonas arenosas de los cotos y la vera habita la mayoría de los mamíferos terrestres, reptiles y anfibios de Doñana.

Entre los mamíferos, cabe destacar la comunidad de carnívoros, compuesta por nueve especies, entre las que se encuentra el escasísimo lince ibérico.

El lince ibérico, el felino más amenazado del mundo, es una especie exclusiva de la península ibérica. Entre los años 80 y la actualidad su situación ha mejorado notablemente gracias a un importante esfuerzo tanto en sus poblaciones en el medio natural como con los Programas de cría en Cautividad que están en marcha. El lince es sin duda el emblema de la fauna de Doñana y su conservación se ha convertido en una preocupación de toda la sociedad

Otro grupo muy interesante de mamíferos es el de los Quirópteros o murciélagos, de los que se ha descrito la presencia de doce especies. Destaca el nóctulo gigante, con una envergadura en vuelo de casi medio metro, que habita en ciudades como Sevilla y Jerez de la Frontera y usa el Parque Nacional de Doñana como cazadero.

En las zonas de sustrato arenoso de Doñana se ha registrado la totalidad de la fauna de anfibios, las tres especies de urodelos y las ocho de anuros de los que solo una se encuentra amenazada con la categoría de vulnerable. Se trata del tritón pigmeo especie endémica de la Península ibérica, limitada al centro y sur de Portugal y a la mitad meridional de España.

Entre las rapaces, el águila imperial ibérica es el emblema alado de Doñana. El esfuerzo de las administraciones por su conservación ha permitido estabilizar una población en Doñana en torno a las 10 parejas, aunque con fluctuaciones anuales. Otra rapaz, que no hace mucho tiempo volaba a sus anchas por estas tierras, sufre estos días un inexorable declive como reproductora. Se trata del milano real. Doñana supone, prácticamente, la última zona de reproducción del milano real en Andalucía, con más del 90% de las parejas censadas.

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