Caldera de Taburiente: Itinerarios

Mar de nubes dentro de la Caldera de Taburiente. J.S.Socorro

    Zona de Acampada-Barranco de Las Angustias

    Ruta4 Zona de Acampada-Barranco de las Angustias

    Características técnicas.

    - Cota de partida: 774 m.

    - Cota de llegada: 243 m.

    - Ascensión acumulada: 540 m.

    - Descenso acumulado: 585 m.

    - Longitud: 6,85 km.

    - Duración media: 4 horas.

    - Adecuado para caminantes resistentes.

    - Mapa ruta

     

    El Parque prohíbe el transito de senderistas, en el tramo del Reventón, desde las prealertas meteorológicas por fuertes lluvias, hasta que bajan los caudales del Barranco de Las Angustias. Encontrara señales indicadoras de los puntos más notables que aparecen en este texto en negrita.

     

    Recomendaciones.

    - -No se salga del sendero.

    - -Lleve calzado deportivo o de montaña.

    - -Tenga cuidado al vadear los cursos de agua.

    - -Entre otoño y primavera, pregunte por el estado del barranco antes de iniciar la excursión.

     

    El sendero se inicia en la Zona de Acampada junto al Centro de Servicios, puesto en uso en septiembre de 2000. Consta de servicios higiénicos, pequeña exposición sobre temas del entorno próximo, cuarto de primeros auxilios, atendido por voluntarios de Cruz Roja en verano, dormitorios y zona de estar, para el personal al servicio del Parque

    El camino (un tramo del PR LP 13) discurre entre el Centro de Servicios y el roque de la Brevera Macha. Este roque está poblado por miles de bejeques sobre todo de la especie Aeonium canariense, el cual aparece en pleno apogeo en otoño e invierno cuando el agua hincha sus hojas carnosas.

    Enseguida llegamos al llano del Capadero, terreno que se cultivó hasta hace poco tiempo. Ahora son los tagasastes y tajinastes, junto con alguna higuera vieja, los que se han adueñado de la zona. Desde este llano, en la pared de la Brevera Macha veremos una placa conmemorativa de la declaración del Parque en 1954.

    Pasamos a la vertiente del barranco de Almendro Amargo. Lo primero que nos sorprende es lo profundo de su cauce si lo comparamos con el del arroyo de Taburiente que hemos dejado atrás. A unos 500 m. nos encontramos con un lomito, que recibe el nombre de Somada de El Palo.

    Desde ahí, barranco arriba, se observa una gran mancha de color verde intenso entre el pinar circundante. Es una zona de nacientes conocida como Verduras del Mato, donde la vegetación ocupa casi el 100% del suelo, y la diversidad es mucho mayor que en los lugares próximos. En el inventario de flora de 2003 se descubrió la presencia de estrelladera, (Gesnouinia arborea), arbusto habitual del sotobosque de la laurisilva.

    Se inicia ahora un descenso largo conocido como la cuesta de El Reventón, topónimo que tiene pleno significado cuando el recorrido se hace en el sentido inverso. Según bajamos los acompañantes del pinar van cambiando, desde los típicos amagantes de color rosado hasta las plantas de zonas más cálidas como son, por ejemplo, el escobón, el mato risco, las vinagreras y los verodes.

    Frente a nosotros, hacia el Sur, queda el Pico Bejenado; aunque lo más significativo es el Roque Idafe, que se recorta sobre el fondo. Su silueta y aspecto va cambiando según bajamos, desde ser un pequeño dedo en una ladera hasta convertirse en un imponente monolito cuando estamos a sus pies. Cuenta la leyenda que en su base los aborígenes adoraban al dios Abora, aunque esto no ha sido corroborado por restos arqueológicos.

    Al acabar la bajada del Reventón, cuando el camino discurre cerca del cauce, se observa el muro roto de una pequeña presa de unos 6 m. de altura. Se construyó en los años sesenta para observar los arrastres que llevaba el arroyo en las grandes lluvias. Parece ser que en el primer aguacero se llenó por completo de cantos rodados y grava. La presa se rompió a comienzos de los noventa, vaciándose la grava que contenía el vaso.

    Los técnicos del Servicio Hidráulico han estimado que la escorrentía que anualmente llega al mar es de aproximadamente 10 hm3, de los cuales un 10% son materiales sólidos. Esto indica que con tal volumen de arrastre una presa convencional tendría una vida útil muy corta.

    Continuando el itinerario, existe un tramo conocido como las Lajitas del Viento que se puede hacer por dos ramales: uno normal, que vuelve a subir un poco, y otro que es un atajo de pequeña anchura. Este último sólo se aconseja a los caminantes muy seguros y sin vértigo, pero nos dará la oportunidad de ver la escasa garbancera. Por el fondo del cauce, en épocas de estiaje se comienzan a ver pequeñas manchas amarillas fruto de nacientes cargados con sales de hierro. Al otro lado del cauce se puede ver una ladera muy pendiente, repleta de plantas diversas, que contrasta con la escasez de vegetación del resto. La única causa probable que explica esa diferencia, es que está fuera del alcance de los herbívoros introducidos por el hombre desde hace 2.000 años.

    Bajo el Roque Idafe confluyen las aguas transparentes del barranco por el que venimos, con el barranco del Limonero o Rivanceras, que tiene el lecho totalmente amarillo.

    Subiendo por el cauce de Rivanceras, a unos 10 minutos está la Cascada de Colores, que es un pequeño salto natural, recrecido unos metros para conocer los arrastres de las lluvias, al igual que en el Almendro Amargo. Debe su nombre al musgo que la tapiza y a los tintes amarillos de las aguas ferruginosas. La erosión paulatina fue desmoronando la presa hasta que en 2002 llegó de nuevo por el margen derecho del barranco a la roca natural. Se restauró el muro en 2003, a pesar de ser una obra artificial de fechas recientes, porque ya era una imagen o bien cultural, muy difundida del Parque. Rápidamente se cubrió de color por la zona central, de algas y musgos el resto, que impide distinguir lo nuevo de lo antiguo, salvo en los bordes. Ahora, en cambio, se ve claramente que es una presa, cuando hace unos años parecía casi natural.

    A principios de los 80, un gran desprendimiento cayó de la falda del Pico Bejenado sobre el barranco del Almendro Amargo, provocando una presa natural. El majestuoso Roque Idafe, que se reflejaba en sus aguas, quedó inmortalizado en un documental cinematográfico de aquella época.

    Siguiendo el camino cruzamos el límite del Parque cerca de un altar construido para celebrar la primera misa en el interior de La Caldera. La definición de este límite estuvo condicionada durante el período de modificación de la ley del Parque por la existencia de un proyecto de construcción de una gran presa aguas abajo, con gran interés social y económico. Incluir una gran obra en el interior se alejaba de la filosofía de los Parques Nacionales. Con posterioridad el proyecto se desestimó por no considerarse viable.

    Al salir del Parque Nacional, el sendero se adentra por el cauce del Almendro Amargo. Esta circunstancia hace que sea peligroso este itinerario cuando hay riesgo de lluvias o estas se han producido recientemente. Una cruz con una placa en el primer recodo del barranco, nos recuerda a una turista alemana, que perdió la vida el 20 de noviembre de 2001. Ese día una tormenta sobre las cumbres orientales del Parque provocó una crecida, mientras por el cauce de los barrancos de salida (Almendro Amargo y Angustias), caminaban unas 100 personas. El agua arrastró a cinco en diversos puntos y de ellos fallecieron tres.

    La solución de mejorar el itinerario con un sendero próximo al cauce y pasarelas peatonales, propuesta por el Parque en 2005, fue rechazada por la sociedad palmera el año 2006 e informada negativamente por el Patronato, por excesivo impacto visual y perdida de naturalidad que producían los puentes. Como solución alternativa, se restringe el transito de personas los días de riesgo. No obstante, es probable que se construya en el futuro un sendero alternativo en este tramo, ya que no necesita puentes.

    A menos de 1 km. cauce abajo llegamos a Dos Aguas, inicio del barranco de Las Angustias, formado por la confluencia del arroyo de Taburiente (el de la acampada) y del Almendro Amargo. Allí actualmente existe un tomadero de agua, y un canal capaz de transportar 2,5m3/s. El tomadero tiene un curioso sistema por el cual deja pasar por encima los materiales más gruesos, entrando hacia el canal los más pequeños y parte del agua. Este material se remansa, con lo cual se depositan los materiales sólidos en el fondo, continuando el agua limpia por el canal hacia las zonas de cultivo. Como los materiales sólidos son abundantes, es necesario limpiar continuamente las cubetas de sedimentación, en especial durante las avenidas periódicas.

    En Dos Aguas hay que cruzar el barranco para seguir el itinerario. Normalmente se puede hacer por encima de piedras secas, aunque algunas son inestables. Tenga cuidado en cualquier momento, pero sobre todo cuando no vea un paso claro por lo abundante del caudal. En ese caso le recomendamos que retroceda en busca de ayuda hasta la zona de acampada. Junto a la parte derecha del tomadero, según se

    baja, hay una fuente de aguas ferruginosas con gases carbónicos, fruto de una perforación de prospección geológica.

    El camino a partir de este punto discurre próximo al cauce cruzándolo de vez en cuando para sortear pequeños saltos en el barranco. Normalmente también se puede hacer el itinerario cauce abajo. Pero si las lluvias han retirado la grava y arena del lecho del barranco, se incrementan los desniveles y aparecen grandes pozas que obligan a meterse en el agua.

    En el cauce se observan multitud de diques, cada uno fruto de una erupción, que nos dan idea de la intensa actividad volcánica de la zona en el pasado. Entre los diques hay fragmentos blanquecinos de rocas similares a los granitos. En opinión de algunos geólogos, la parte baja del Parque y este tramo del barranco estaban formados originalmente por este tipo de rocas, que han sido fragmentadas y separadas por los continuos volcanes.

    También se verán rocas de color verdoso cuyo origen es submarino. Las hay de varios tipos; las más fáciles de reconocer son las lavas almohadilladas (foto en apartado de geología), que por su sección nos recuerdan a un enorme panal de abejas con celdas redondeadas. Se formaron por el avance de una colada de lava bajo el mar, que al contacto con el agua se iba enfriando, a la vez que se alteraba su composición química. Por ello entre cada dos estructuras se aprecia una intermedia muy fina de color distinto.

    Otras formaciones verdes distintas son los aglomerados o conglomerados tipo brechas o pudingas. Estos materiales proceden de los bordes de las chimeneas volcánicas en los cuales el magma, al romper las paredes por las que sube, arrastra fragmentos de roca que no llegan a fundirse. Cuando sale al exterior, la lava sirve de cemento al resto de las rocas desplazadas.

    Estas rocas tienen gran interés para los científicos. Por ello han extraído muestras con taladros especiales, quedando en algunas rocas varios cilindros huecos que tardarán bastante tiempo en desaparecer.

    Al llegar al canal de la Estrechura, podemos ver ejemplares del bejeque rojo (Aeonium nobile f. 6). Es una planta endémica de La Palma de gruesas hojas anaranjadas, y flores rojizas en los meses de mayo a julio. Vive principalmente en cotas bajas, pero en el Parque se ha visto algún ejemplar a 900 m. de cota. Un poco más abajo, donde una gran roca de lavas almohadilladas ha conformado un puente natural, se pueden apreciar con facilidad.

    En los roques de las partes bajas del Parque y también cerca de La Estrechura, se ha descubierto una plantita del género Monanthes, cuyos caracteres morfológicos no se corresponden exactamente con las especies actualmente descritas, por lo que se ha remitido el material a especialistas por si fuese una nueva especie para la ciencia.

    Por esta ruta también se puede ver el granadillo (Hypericum canariensis), alguna sabina (Juniperus turbinata) cerca del barranco del Fraile, guaidiles (Convolvulus floridus). A lo largo del barranco el reclamo alegre de la alpispa nos entretiene. Su cola larga y su pecho amarillo hacen inconfundible a este pájaro de los arroyos. En las pozas y remansos podremos ver algunas ranas comunes, libélulas en sus diversas fases, y cómo no, lagartos en los alrededores secos. Con las grandes avenidas desaparece toda la vida del lecho acuático de los tramos bajos, reiniciándose la colonización desde lugares de refugio como saucedas, pequeñas fuentes,...

    Poco antes de llegar a nuestro destino se divisan fincas de aguacates, puentes, tubos y un pozo de agua abandonado. Son signos todos de un uso mucho más intensivo de la naturaleza por parte del hombre.

    En el tramo bajo que hemos recorrido se están proyectando alternativas para aprovechar las aguas de lluvia que se pierden por el barranco. Son conocidas como el sistema hidráulico de La Viña.

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