Caldera de Taburiente: Itinerarios

Mar de nubes dentro de la Caldera de Taburiente. J.S.Socorro

Pista Pico de la Nieve-Roque de los Muchachos

Ruta8 Pista Pico de la Nieve-Roque de los Muchachos

Características técnicas.

- Cota de partida: 2030 m.

- Cota de llegada: 2423 m.

- Ascensión acumulada: 813 m.

- Descenso acumulado: 420 m.

- Longitud: 10,6 km.

- Duración media: 4 a 5 horas.

 

Encontrará señales indicadoras en los puntos notables que en el texto aparece en negrita. Recomendado para caminantes medios.

 

Recomendaciones.

- Protéjase del sol, del frío y de la sequedad.

- No caminar con presencia de hielo por peligro de accidentes, con fuerte viento o niebla invernal porque tendrá una experiencia poco satisfactoria.

- Lleve agua, pues las fuentes son escasas y difíciles de localizar.

 

Este recorrido, que sube desde los 2.000 m hasta los 2.426 m., se enmarca dentro del gran sendero perimetral de las cumbres del Parque. Puede recorrerse en ambos sentidos indistintamente, aunque aquí lo describiremos en sentido ascendente.

Una alternativa posible es realizar paseos cortos en diversos puntos, dado que el sendero discurre durante varios kilómetros próximo a la carretera que sube hasta el Roque de los Muchachos desde Santa Cruz (LP 4). Desde esta carretera, en el kilómetro 25, parte la pista del pico de La Nieve y siguiéndola hasta el aparcamiento del final encontraremos el inicio de nuestro sendero. La ruta comienzaen la parte alta del PR LP 3, al llegar al primer cruce hay que desviarse hacia la derecha (seguir el PR LP 3). El sendero de la izquierda se dirige hacia la ermita de la Virgen del Pino.

Entre veinte minutos y media hora es lo que se tarda en llegar al borde de La Caldera, donde se enlaza con el GR 131, que seguiremos hacia el norte. Desde allí un mirador natural nos muestra esos espigones que a modo de lomos aristados dividen los múltiples barrancos.

Ya hemos abandonado el pinar a escasos metros de la cumbre. En el resto del recorrido domina el codeso, y están presentes otras plantas más escasas como alhelí, violeta, retamón y tajinaste azul genciana, sin olvidar los centenarios cedros que cuelgan en todas las paredes altas del Parque.

Llegamos al Pico de la Nieve. Seguramente debe su nombre a que es el único que se divisa nevado, desde la capital de la isla. En su cima se ve una instalación con placas solares, que es el repetidor de comunicaciones del Parque.

Al proseguir, en la primera vaguada, por debajo del sendero, se encuentra una parcela experimental, con un vallado de unos 20 x 20 m. En total se construyeron 24 por toda la cumbre entre 1800 y 2400 m de altitud, en cuatro orientaciones distintas, en 1999. Se desbrozaron aquellas zonas que tenían vegetación, para simular la recolonización después de un incendio. Se sembraron en tres ocasiones entre 2000 y 2001, unas 1000 semillas por especie, con 9 especies de matorrales o herbáceas de las cumbres, que se veían habitualmente en los acantilados o que en las zonas de relieve más suave eran muy escasas. El objeto era conocer si estas especies, además de ser preferidas por los herbívoros introducidos por el hombre a lo largo de 2.000 años (cabra, conejo y arrui en los últimos años), tenían dificultades naturales de crecer en competencia con el codeso que domina el paisaje. Al cabo de los años se ha visto que varias de ellas: retama de cumbre, retamón, tagasaste y violeta pueden vivir sin problemas en toda la cumbre. Gacia, bencomia, y los dos tajinastes viven mejor en los límites del pinar en la orientación norte y suben algo más al este y oeste. Cerastium sventenii es la única especie que en este periodo ha aparecido en una sola parcela.

Podrá apreciar la diferencia entre las plantas que están en la parcela de las que le rodean. En este recorrido se pasa junto a otras dos parcelas de este tipo, cerca del Morro de la Cebolla y Roque de los Muchachos. Con los datos de estas parcelas y el inventario de las poblaciones naturales se ha redactado un plan de conservación de la flora, que se ejecutará durante 15 años

Desde allí pasamos primero el Pico del Cedro y luego el Lomo de Pablo, dos pequeños morretes antes de subir al Pico Piedrallana que se distingue muy bien por ser de mayor altura y tener un vértice geodésico.

Pasado el Lomo de Pablo, hacia la Caldera en el barranco de Altaguna, 100 m por debajo de la cumbre, se descubrió en 1994 la única gran población de tajinaste azul genciana (Echium gentianoides). Son cientos de ejemplares, formando lo que podemos considerar un tajinastal (curiosamente ésta es la única especie del Parque incluida en las listas internacionales de especies en peligro de extinción). Durante los meses de mayo y junio esta ladera se cubría de un intenso azul añil, que era visible incluso desde el Pico Piedrallana. Mas tarde los daños de cabras y arruis han dejado esta población algo diezmada. Pero, en cambio, ahora podrá verlas junto al sendero en otras partes del recorrido, ya sea en zonas repobladas, como en ambiente natural. En el inventario de 2005 entre las poblaciones naturales y las repoblaciones había 3.300 ejemplares adultos.

En mayo de 1.996 entre la masa de tajinastes se encontró uno diferente a los demás, con características intermedias entre dos especies (Echium gentianoides y Echium webbii), y desconocido para la ciencia hasta esa fecha. Poco tiempo después, en una cueva cercana, se descubrió una vasija aborigen y algún hueso humano, lo que da a entender que se utilizó en su momento como cueva de enterramiento.

Subimos un poco hasta el Pico Piedrallana. A partir de aquí aparecen áreas desnudas de vegetación, orientadas principalmente al norte. Desde el Parque se

postula que estas áreas son las idóneas para algunas plantas en peligro de extinción como veremos más adelante.

El pico de Piedrallana, según los expertos, es rico en restos arqueológicos de los benahoaríes (antiguos pobladores de La Palma); hay presencia de campamentos pastoriles y fragmentos minúsculos de cerámica. No se desilusionen si no ven nada, pues es lo que le sucede al 99% de las personas que transitan por aquí.

La vista de los paisajes, sin embargo, seguro que no le decepciona. Y además, en la subida puede que haya visto alguna de las rarezas botánicas de las cumbres, como es la preciosa violeta o pensamiento de la cumbre. Las violetas, a mediados de los ochenta, ocupaban un reducido espacio alrededor de este pico, con algunos ejemplares en el interior del Parque y otra población en el entorno del Roque de los Muchachos.

A finales de los noventa, con una presencia menor del ganado, una mayor vigilancia y la incidencia de algunas enfermedades en los conejos, se fueron ampliando estas áreas. Ya casi no quedan espacios grandes sin violetas entre las poblaciones citadas. No obstante, en los diez años siguientes, se ha observado una notable variación de efectivos en cada población. Es la primera especie que desaparece cuando entran los conejos dentro de un vallado y también la primera que se recupera cuando se eliminan.

La floración principal coincide con la primavera temprana, si bien podemos ver ejemplares con flor durante todo el año. Vive varios años, marchitándose la parte aérea por el frío y la sequía extrema. Con buena tierra llega a formar matitas de 60 cm. de diámetro.

Por un momento nos olvidamos de las plantas, e invitamos al lector que mire a la derecha ladera abajo: observará la estatua conocida como Monumento al Infinito. Es una obra del artista César Manrique creada para la inauguración del Observatorio Astrofísico del Roque de los Muchachos en 1985.

El descanso ha terminado, por lo que volvemos de nuevo a las curiosidades botánicas.

El espigón de Piedrallana separa los barrancos de Altaguna y los Guanches. Tiene varios roques según nos adentramos en el Parque. El primero de ellos ha sido un reducto inalcanzable para los conejos y las cabras, por lo que conserva tajinastes azules, retamas de flor blanca y otras especies poco frecuentes.

En la falda hacia Altaguna, a pocos metros de la cumbre hay una pequeña humedad, que sirve de bebedero a palomas. Esta querencia es habitual porque frente a ella todavía se pueden observar, si se adentra uno por los riscos, los puestos de piedra confeccionados por los cazadores furtivos y algún que otro cartucho oxidado.

El barranco de los Guanches es rico en plantas exclusivas. En la parte superior, aparece la única población de violetas del Parque. Más abajo, como a 100 m., algunos peralillos de cumbre (Sorbus aria) se enganchan en los riscos. También se han visto ejemplares pequeños de retamón (Genista benehoavensis). Si seguimos descendiendo veremos los dos tipos de tajinastes de la cumbre. En las laderas más umbrías el azul genciana y en las más soleadas el rosado (Echium wildpretii ssp trichosiphon). En 1987 y 1988 se hizo el seguimiento de una población de características intermedias hasta conseguir ver un ejemplar con flores. Efectivamente era un híbrido no descrito hasta entonces por los botánicos. Después, de este mismo híbrido se han visto ejemplares en otros lugares del Parque.

Todavía no nos hemos escapado del Pico Piedrallana y como sigamos así nunca llegaremos al Roque de los Muchachos.

Por fin seguimos caminando. Lo primero que nos vuelve a llamar la atención son los vallados próximos al camino, que protegen arbustos grisáceos. Son ejemplares de retamón, que en condiciones óptimas pueden alcanzar 3 m. de alto y 7 m. de diámetro. En los meses de junio-julio muestran una intensa floración amarillo-oro sobre las ramillas que crecieron el año anterior. Esta tonalidad resalta sobre la amarilla más clara de los codesares que dominan la cumbre. Estos vallados se mantienen unos diez años hasta que la mayor parte de las plantas llegan a adultas.

A mediados de los ochenta se conocían sólo 8 plantas adultas (con flores) de retamones y unas 40 en total como única población mundial. Por este motivo fue la especie a la que el Parque dedicó los mayores esfuerzos en la última década del siglo XX. Además de la construcción de vallados, se realizaron seguimientos minuciosos de la vida de estas plantas y algunas experiencias comparativas entre las especies de las cumbres.

Se ha llegado a la conclusión de que la causa principal del peligro de extinción del retamón y otras plantas es que son preferidas frente al codeso por los herbívoros introducidos (cabra, conejo, etc.)

La presión de estos animales ha debido de ser muy intensa, eliminándolas casi en su totalidad. Los espacios vacíos han sido colonizados por el codeso, que ahora ocupa casi toda la cumbre. No obstante existen algunas áreas que permanecen desnudas después de mucho tiempo, lo que indica que no son aptas para el codeso.

Por otro lado, en estas zonas peladas nacen todos los años retamones que sólo llegan a adultos si están protegidos de los herbívoros, lo que indica que son idóneas para esta especie.

Aquí, la ausencia de vegetación nos permite ver minúsculos trozos de cerámica o alguna estación de grabados que indican el uso de este espacio por la cultura aborigen. Ello nos sugiere que el proceso de simplificación de la flora del área se inició en época prehispánica. Tal vez, si se hubiese pastoreado cada área de la cumbre cada dos o tres años, este uso no habría perjudicado a unas especies y favorecido a otras, lo que de hecho ha ocurrido al pastorear la cumbre todos los años, hasta principio de los años noventa del siglo pasado, momento en el que se abandonó este uso tradicional.

Entre el Pico Piedrallana y el Pico de la Cruz, atravesamos pequeños morretes rocosos. Hacia el exterior del parque a pocos metros de la cumbre un área de piroclastos (materiales lanzados al aire por el volcán) de vivos colores amarillo-rojizos donde se encuentra la Fuente de Juan Diego.

Hacia el Parque, la zona conocida como Las Tres Venas sirve de vía para bajar al interior de La Caldera. Tienen algunas moradas de pastores de tiempos recientes.

Frente a la Fuente de Juan Diego, se adentra un espigón que acaba en un impresionante acantilado sobre los nacientes de las Verduras de Alfonso. Desde la carretera se tarda una media hora en llegar, aunque será a través de los codesos, ya que no hay camino.

Junto al sendero, en la cabecera del barranco de la Mejorana, se estableció en 1998 un vallado de protección de unas 3 has., con el único fin de hacer un seguimiento de la recuperación natural de la zona. Tras varios años, solo se observaron unas pocas plantas de Genista benehoavensis. En 2005 se decidió empezar restaurarla con repoblaciones, dentro del programa de educación ambiental que se tiene con los centros escolares.

Antes del Pico de la Cruz, existe otra bajada hacia el interior del Parque por la fuente y pinares de Mantigua. Son pinares colgados como dos manchas verdes en mitad de los acantilados, con árboles de dos generaciones diferentes: unos viejos de portes coronados, y bajo ellos un repoblado natural de pinos jóvenes casi coetáneos, que prosperó gracias a la eliminación del pastoreo en los años 50 y 60 del siglo XX. Estos pinares se observan muy bien desde el mirador de Franceses, situado un poco más adelante.

En el Pico de la Cruz hay una caseta del repetidor instalado por UNELCO (la empresa que suministra la electricidad en la isla). A pocos metros hacia el Parque, hay una estación meteorológica automática. En noviembre de 2005 llegó a registrar vientos puntuales superiores a 300 Km./h. En la bajada siguiente, hacia la derecha, franqueamos un vallado que protege una repoblación de plantas en peligro de extinción realizada con alumnos de los colegios de La Palma en 1997 y restaurada con posterioridad en varias ocasiones. Por debajo del mismo junto a la carretera sale un camino (PR LP 7), en dirección a los Sauces, con la variante hacia a Barlovento (PR LP 8). Aquí el camino y carretera van muy juntos hasta llegar a unirse un poco más adelante.

Al pasar el Morro de la Cebolla hay una cueva donde pueden dormir dos o tres personas. De ahí parte el barranco del Diablo que es otra vía de acceso (de aventura) a las partes bajas de La Caldera.

Hacia el exterior, bajo la carretera, hay una zona de unas 6 hectáreas donde domina el retamón, de color grisáceo, junto a otras especies de plantas. Se empezó a repoblar en 1993 en un recinto vallado, dentro de un programa de educación ambiental, donde participaron alumnos de toda La Palma. El vallado se desmanteló en 2009. Con posterioridad para facilitar el desarrollo de las nuevas plantas de retamón, se confeccionan recintos protectores de pequeña dimensión, que evitan los daños de los conejos cuando son pequeñas. Esta labor la lleva realizando el voluntariado ambiental durante algunos. Mostramos en esta guía una secuencia del aspecto de la parcela al inicio y el aspecto primaveral en distintos años y meses. A los 2 años a primeros de mayo dominaban violetas alhelíes y pajoneras. A los 3 años a finales de mayo las margaritas y tajinastes azules. A los 4 años a finales de junio dominaba el amarillo oro de los retamones.

Las actuaciones con los escolares de la Palma pueden considerarse pioneras y novedosas en toda España. Están participando en el programa puntero del Parque de recuperación de poblaciones de plantas en peligro de extinción.

Desde 1.991, en otoño se imparten charlas sobre los conocimientos que se tienen hasta la fecha de esas especies, acerca de las causas de amenaza, así como de las nuevas localidades encontradas, o de como repoblarlas. Los niños cuidan las plantas entre otoño y primavera en sus colegios (jardines o huertos) a partir de las semillas que les entrega el Parque. En abril van a repoblarlas a lugares idóneos, siendo asesorados en todo momento por personal del Parque. No se trata de la actividad de concienciación de un día, como puede ser el día del árbol o el de Medio Ambiente, sino la labor de muchos meses.

Las nuevas plantas repobladas están favoreciendo la presencia de una comunidad de invertebrados que se asocia estrechamente a ellas. Por ejemplo, desde que hay tajinaste azul genciana se ve una mariposa con aspecto de colibrí, que se alimenta de él. Sobre plantas de Bencomia exstipulata repobladas se ha encontrado una nueva especie de chinche descrita en 1999 como Nysius gloriae. Con mayor facilidad se pueden ver las bandadas de canarios en verano y otoño, que suben para alimentarse de los frutos de las leguminosas arbustivas.

De nuevo en marcha el camino desemboca en la carretera. De este cruce, retrocediendo unos 150 por la carretera, encontramos la salida de la pista de Gallegos, y el comienzo del itinerario PR LP 9 en dirección a Roque Faro, que sigue la pista unos 300m.para luego continuar el sendero que baja por el cortafuegos que separa los barrancos de los Hombres y Franceses. Un poco más abajo hay un pluviómetro donde en diciembre de 1991 se recogieron 1297 l/m2 en tan sólo 3 o 4 días seguidos de lluvia, más del doble de lo que llueve al año en las zonas mediterráneas y en esta cumbre de media anual.

Siguiendo nuestro sendero, 30 m. más adelante hay un mirador acondicionado con barandilla de madera y suelo empedrado el mirador de Franceses, inicio de Los Andenes. Tras el mirador, recorremos la vertiente del Parque por unos picones rojizo-violáceos atravesados por dos diques. El primero parece una pared construida por el hombre con una abertura en forma de V conocida como la pared de Roberto(eufemismo del diablo). El segundo dique, de mayor grosor, sustenta diversos cedros y unos tenues grabados en roca del tiempo prehispánico. Un espigón se adentra acabando en un mogote de color rojizo. Un poco por debajo aparece la parte alta del barranco del Ataúd, donde la pared se extraploma en una caída de más de quinientos metros.

Por esos parajes en 1995 se descubrió una nueva especie para el Parque, del género Odontites, que hasta la fecha no se había citado en Canarias. Esta pendiente su estudio para saber si es nueva para la ciencia o es la misma especie que hay en Madeira.

Después de coronar el punto más alto, pasamos a la vertiente del barranco de los Cantos de Turugumay, al cual no se le conoce ninguna posibilidad de bajada. Al empezar a subir hacia el final de los Andenes, otro hermoso dique se levanta rajando el entorno. Al pie del sendero se abre un pequeño tubo volcánico. En la primavera de 2008 se produjo una bonita floración de tajinastes rosados por la zona de la que hacemos participes a los lectores con una panoramica. Poco después pasamos cerca del mirador de Los Andenes que desde la carretera está a cinco minutos.

El camino sigue subiendo en dirección al observatorio astrofísico encontrándonos en primer término, los tres telescopios del grupo anglo holandés: el JKT es el mas pequeño con un espejo de 1 m. de diámetro; el mediano es el Isaac Newton con uno de 2,5 m; y el mayor es el William Herschel de 4,2 m. El telescopio de planta cuadrada es para la observación solar y está impulsado por los suecos. Junto a él hay un pequeño telescopio de 60 cm. (ya en desuso). Más adelante, el holandés, con soportes tubulares y el círculo meridiano con tejado a dos aguas. En los últimos años dos nuevos telescopios se han instalado en este paraje uno promovido por la universidad de Leuven y el Mercator que es un telescopio robotizado.

Pasamos el vértice de Fuente Nueva, en honor de una pequeña fuente que queda bajo los telescopios anglo-holandeses. Parece increíble que fuentes como ésta, situadas casi en la cumbre, aguanten todo el verano sin secarse. Aunque solo cae el agua gota a gota

Desde esta zona también se observa por debajo, la residencia, unos helipuertos del tiempo de la inauguración (1985) y dos grandes telescopios Cherenkov, de 17 m. de diámetro, que parecen antenas parabólicas recubiertas de espejos, del proyecto Mágic. En el participan 14 instituciones de 8 países, para tratar de estudiar el universo distante, en el rango del espectro, que hasta este proyecto nunca había sido analizado.

Bajamos al collado que separa el barranco de las Grajas del barranco de los Cantos, por un codesar denso que se aclara al ir subiendo hacia el Roque y al ir cambiando

la exposición de la ladera. Por toda la cumbre, los responsables de patrimonio histórico y arqueológico, han restaurado algunas cabañas y refugios pastoriles de tiempos prehispánicos, a veces reutilizados con posterioridad. Aquí hay una pequeña cabaña dormitorio restaurada.

En el Roque de los Muchachos, punto final de la ruta, nos encontramos un aparcamiento-mirador empedrado y la caseta de información del Parque.

Desde allí se observa el telescopio nórdico de cúpula redonda y color metálico, con espejo de 2,5 m. de diámetro. Tiene la peculiaridad de que gira el edificio entero en lugar de la cúpula, como en el resto. Hacia el oeste el telescopio Galileo, que es el primero de una nueva generación donde la cúpula ya no es semiesférica.

A lo largo de estos años han desaparecido telescopios, como el alemán que estaba ubicado en el propio Roque de los Muchachos, y que al tener algunos problemas se trasladó a Tenerife, dejando constancia del mismo el aljibe del aparcamiento. También se han abortado algunos proyectos como el LEST, el mayor telescopio solar impulsado por Alemania, que coincidió con el período de reunificación de este país, por lo que se pospuso su ejecución. Esto puede significar que ya nunca se realizará, pues el diseño se habrá quedado obsoleto cuando se quiera construir. Los últimos telescopios construidos hasta 2008 han sido el GTC (Gran Telescopio Canarias) que tuvo el acto de primera luz el 13 de julio de 2007 y una de las unidades del proyecto Mágic en 2008.

En los alrededores del Roque hay bastantes vallados de protección, de repoblación y de investigación sobre el retamón. Las protecciones generales a veces han fallado y se ha hecho necesario colocar nuevas protecciones individuales contra los conejos.

Los datos meteorológicos que registran las estaciones de los telescopios, en especial las del Isaac Newton y las del Círculo Meridiano, muestran que cada tres o cuatro años hay una lluvia que ronda los 1.000 l/m2, y que casi todos los años hay una lluvia de más de 500 l/m2. No llueve de marzo a octubre casi ningún año, aunque puede soplar viento del norte hasta mayo, formando las banderas de hielo (cencellada). Hay heladas desde mitad de octubre hasta mediados de mayo que suelen provocar, después de las fuertes lluvias, el desarraigo de las plántulas más pequeñas nacidas ese año, siendo conocido este fenómeno como descalce.

Las temperaturas no superan los 25 grados y pueden bajar a -10 °C con vientos de 100 Km./h, así como darse períodos seguidos de 10 días bajo cero, lo que provoca daños graves a las instalaciones. La humedad habitual es muy baja oscilando entre el 15 y 35 %, pero con días extremos de máxima un 8% y mínima casi el 0%. Si no hace viento la cumbre puede ser agradable en invierno, pero con viento puede ser fría hasta en pleno verano.

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