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Investigando y conociendo: Ecosistemas marinos, coralígeno, gorgonias

Investigando y conociendo: Ecosistemas marinos, coralígeno, gorgonias

Efectos del cambio global sobre la biodiversidad del Parque Nacional de Cabrera: el caso de la comunidad del coralígeno de Paramuricea clavata

El calentamiento del mar es una de las principales manifestaciones del cambio climático sobre los ecosistemas marinos. En los últimos años se acrecienta la percepción de que el calentamiento global está afectando los ecosistemas bentónicos marinos a través de epidemias, invasión de especies y mortalidades masivas. La señal de alarma se desencadenó en los arrecifes de coral durante los severos episodios de blanqueo de corales de 1997-98. Sin embargo, aumentan las evidencias de que también el Mediterráneo está sufriendo los efectos del calentamiento global. Hasta el momento, las principales respuestas biológicas a este cambio ambiental en los ecosistemas mediterráneos son la llegada de especies de afinidad tropical y los eventos de mortalidad masiva de macroinvertebrados, ambos relacionados con anomalías térmicas positivas.

El coralígeno es una comunidad emblemática del paisaje submarino mediterráneo. Su importancia biológica radica en la gran diversidad que alberga (~ 1666 especies)  pero a la vez en el hecho de que es una comunidad muy vulnerable. Esta vulnerabilidad radica en que las especies que la caracterizan son muy longevas y con una dinámica muy lenta, como son las poblaciones de gorgonia roja Paramuricea clavata, a priori muy poco adaptadas a resistir perturbaciones importantes. En el coralígeno del Parque Nacional de Cabrera la introducción de especies exóticas ha sido observada de forma puntual y actualmente está siendo objeto de estudio. Sin embargo, durante la realización de inmersiones de prospección biológica a finales de verano de 2007 se observó un evento de mortalidad masiva en el coralígeno de P. clavata de la pared sur del islote de la Imperial, no observándose efecto sobre los otros invertebrados de la comunidad. El estudio de la evolución en los tres años siguientes al impacto (2008 a 2010) permitió contribuir a determinar las consecuencias del episodio de mortalidad de 2007.


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