Qué es el cambio climático

Tiempo meteorológico y clima, ¿Cuáles son las diferencias?

Hablamos del tiempo meteorológico cuando queremos referirnos a las condiciones meteorológicas en un momento concreto: Decimos que hoy el tiempo es lluvioso, o soleado; que es un día ventoso o apacible… 

Hablamos de clima cuando nos referimos a las condiciones que son habituales en un lugar determinado. Decimos que el clima de éste o aquel lugar es frío o es cálido; que es húmedo o es seco… 

El tiempo que hace en un lugar puede cambiar con una relativa rapidez: a una mañana fría y soleada puede sucederle, en cuestión de horas, una tarde lluviosa y suave. El clima, sin embargo, suele ser menos variable.
 

¿Qué es el cambio climático?

Sin embargo, el clima también cambia. De hecho, el clima ha sufrido cambios importantes a lo largo de la historia de la Tierra, debido a causas naturales. Por ejemplo, en el último periodo glaciar, que finalizó hace unos 10.000 años, el clima terrestre era más frío que el actual y los glaciares ocuparon amplias extensiones de la superficie terrestre.

Sin embargo, el actual cambio del clima es muy diferente de otros anteriores, esencialmente por dos motivos:

Sus causas: los científicos coinciden en señalar que la causa del actual cambio del clima es la emisión, como resultado de la actividad humana, de los denominados “gases de efecto invernadero”. Estos gases, incrementan la capacidad de la atmósfera terrestre para retener calor, dando lugar al fenómeno del calentamiento global.

Su velocidad: el actual cambio climático está ocurriendo muy rápidamente, lo que hace muy difícil, tanto para la naturaleza como para las sociedades humanas, adaptarse a las nuevas condiciones.
 

El cambio del clima, una realidad observable

El cambio climático ya es una realidad que se expresa en todo el planeta a través del ascenso de las temperaturas medias, la subida del nivel del mar, el deshielo en el Ártico o el aumento de los eventos extremos.

El cambio del clima adquiere rasgos específicos en diferentes zonas del planeta. En el territorio español se ha observado:

  • El alargamiento de los veranos, estimado por AEMET en casi cinco semanas desde los años 70 del siglo pasado.
  • La disminución de los caudales medios de los ríos, en algunos casos más del 20% en las últimas décadas.
  • La expansión del clima de tipo semiárido, con más de 30.000 Km2 de nuevos territorios semiáridos en unas pocas décadas.
  • El incremento de las olas de calor, cada vez más frecuentes, más largas y más intensas.

Qué podemos esperar para el futuro

Los modelos que simulan el clima terrestre han permitido a los científicos explorar las tendencias futuras asociadas al incremento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera terrestre. Las estimaciones realizadas para España incluyen:

  • Nuevos aumentos de las temperaturas máximas y mínimas
  • Una disminución moderada de las precipitaciones
  • Una disminución moderada de la nubosidad
  • Periodos de sequía más largos y frecuentes
  • Olas de calor más largas, frecuentes e intensas

Cómo nos afecta el cambio del clima

El cambio del clima provoca cambios diversos en los sistemas naturales: si tienen oportunidad, las especies silvestres se desplazan buscando las condiciones climáticas a las que se encuentran adaptadas; también pueden cambiar sus ritmos vitales para tratar de ajustarse a los cambios ocurridos en las estaciones. Como resultado, pueden producirse desajustes y desequilibrios ecológicos. 

Pero el cambio climático también afecta a las sociedades humanas porque cambia los escenarios de actividades económicas como la agricultura, la silvicultura o el turismo; y a la propia salud humana, amenazada por las olas de calor y las nuevas enfermedades.
 

Respuestas frente al cambio climático: mitigación y adaptación

Las respuestas humanas para hacer frente al cambio climático se han agrupado tradicionalmente en dos grandes categorías: la mitigación y la adaptación.

La mitigación agrupa al conjunto de estrategias orientadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano, que son el alimento del cambio climático. 

La adaptación agrupa las estrategias orientadas a evitar o limitar los riesgos derivados del cambio climático, buscando un mejor ajuste a las condiciones climáticas actuales y futuras.
 
A pesar de ser estrategias diferentes, mitigación y adaptación son claramente complementarias: sin mitigación, nuestra capacidad adaptativa se verá rápidamente desbordada por un clima en cambio acelerado. Por otra parte, una adaptación que no sea “baja en carbono” carece de sentido, ya que alimenta el cambio cuyos efectos se desean evitar.
 

La reacción internacional

El cambio climático es un fenómeno global que afecta al conjunto del planeta. Por ello, es necesario actuar de forma concertada a escala internacional. En 1992, países de todo el mundo adoptaron un gran acuerdo con el objetivo de “evitar interferencias peligrosas en el sistema climático”: es la denominada “Convención Marco de Nacionales Unidas sobre Cambio Climático”.
 

¿Qué son las Conferencias de las Partes y para qué sirven?

El acuerdo adoptado en 1992 no aclaraba cuáles deberían ser los objetivos concretos a alcanzar ni cómo se repartirían los esfuerzos para frenar el cambio climático o adaptarse a sus consecuencias. Por este motivo, durante las décadas posteriores, sus firmantes (conocidos en el lenguaje jurídico como “las Partes” de la Convención), se embarcaron en unas negociaciones largas y complejas dirigidas a concretar objetivos y compromisos específicos para lograr los objetivos últimos establecidos. Las decisiones relativas a la Convención se toman en las “Conferencias de las Partes”, más conocidas por sus siglas en inglés: COPs. Las COPs, máxima autoridad del tratado, se han ido numerando de forma correlativa: la COP1 se celebró en 1995 en Berlín y, desde entonces, se han organizado casi siempre con una periodicidad anual... hasta llegar a la COP27 celebrada en Egipto.
 

La COP21 y el Acuerdo de París

La COP21, celebrada en París en 2015, marcó un hito ya que en ella se alcanzó un gran acuerdo, centrado en tres grandes objetivos:

  1. Mantener el aumento global de la temperatura por debajo de los 2°C, prosiguiendo los esfuerzos para limitarlo únicamente a 1,5°C.
  2. Aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático, promoviendo un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero.
  3. Orientar los flujos financieros para lograr un desarrollo resiliente al clima y de bajas emisiones.