El Parque Nacional del Teide es uno de los paisajes volcánicos más espectaculares del planeta. A más de 2.000 metros de altitud, en el centro de Tenerife, se extiende un entorno modelado por millones de años de actividad volcánica. Lavas, cenizas, conos, tubos y grandes bloques rocosos forman un escenario natural que no solo asombra por su belleza, sino también por su valor científico.
Las erupciones que han dado forma al Parque han sido de dos tipos: explosivas, que lanzan fragmentos de roca al aire (piroclastos), y efusivas, en las que la lava fluye por la superficie (coladas de lava). Como cabe esperar, en las erupciones volcánicas generalmente ocurren de forma simultánea la emisión de coladas de lava y piroclastos, aunque generalmente predomina una de ellas.
Los materiales expulsados en forma sólida se llaman piroclastos. Según su tamaño, se clasifican en cenizas (menos de 2 mm), lapilli o picón (2 a 64 mm), escorias (grandes y porosas) y bombas volcánicas (más grandes y redondeadas). Estos fragmentos forman conos, cubren superficies y modifican el relieve, influidos por el viento durante su caída.
Además de diferentes formas y tamaños, las rocas del Parque también tienen distintas composiciones dependiendo del tipo de magma y de las condiciones de la erupción. Las más comunes son los basaltos, oscuros y duros. Las fonolitas, menos frecuentes, son verdosas o azuladas, muy compactas. El lapilli con esta misma composición, muy gasificado y enfriado rápidamente, forma lo que llamamos comúnmente «piedra pómez».
Las coladas de lava se clasifican según su forma y textura. Las más comunes en el Parque son las coladas aa, conocidas como malpaíses. Estas lavas viscosas generan superficies irregulares y afiladas, difíciles de transitar. Avanzan lentamente y se enfrían a temperaturas relativamente bajas. Las pahoehoe más fluidas, crean superficies lisas y onduladas. De hecho, Pahoehoe es una palabra de origen hawaiano y significa «que puedes caminar descalzo sobre ello». En Canarias a este tipo de coladas se les llama lajiales.
Por último, las coladas en bloque que son las más difíciles de apreciar desde tierra y más evidentes desde el aire. Se forman cuando coladas de gran volumen y alta viscosidad se fragmentan en bloques enormes. Un ejemplo se encuentra en Montaña Rajada, donde se aprecian grandes fragmentos desplazados lentamente.
Los tubos volcánicos son túneles formados durante una erupción. La parte externa de la colada se enfría primero y forma un conducto natural por donde sigue fluyendo lava caliente. Al cesar la erupción, el conducto puede quedar vacío y formar galerías subterráneas. Algunos permiten incluso caminar por su interior.
Los conos volcánicos se forman por la acumulación de piroclastos alrededor de la chimenea eruptiva. Su forma varía en función del tamaño del material, el viento y la intensidad de la erupción. Son abundantes en el Parque, como Montaña Mostaza, Arenas Negras o Montaña de los Tomillos. A menudo se agrupan formando campos de conos. Cuando el magma es muy espeso, puede formar un domo volcánico, una estructura redondeada que apenas fluye y se apila en el lugar de emisión. Montaña Rajada es un buen ejemplo de este fenómeno.
Los roques son bloques de lava solidificada que han resistido la erosión. En el Parque, los más conocidos son los Roques de García, restos del antiguo edificio volcánico que ocupaba Las Cañadas. Separan físicamente las dos grandes semicalderas del parque. El más famoso, el Roque Cinchado, no es un pitón volcánico, sino una acumulación de capas de distinto tipo, modeladas por la erosión diferencial. Su forma inconfundible lo ha convertido en símbolo de Tenerife y del Parque Nacional, e incluso apareció en el antiguo billete de mil pesetas.
En la cima del Teide se observan fumarolas, escapes de vapor de agua, dióxido de carbono y compuestos de azufre. Estos gases tiñen las rocas de amarillo y aceleran su descomposición. Sin estas emisiones, el cono del Teide sería mucho más oscuro, como las lavas recientes que se encuentran a menor altitud.
Aunque la mayoría de la actividad volcánica del Teide es antigua, en 1798 se produjo una erupción histórica dentro del Parque, conocida como la de las Narices del Teide. Duró 99 días y tuvo lugar en las laderas del Pico Viejo. Se abrieron varias bocas eruptivas y se emitieron grandes cantidades de lava. Las bocas más altas fueron explosivas, mientras que las más bajas emitieron coladas fluidas. La lava descendió por la pendiente sin superar la pared del circo, pero formó un amplio malpaís en la Cañada de Chavao. Otras erupciones, aunque fuera de los límites actuales del Parque, como las de Siete Fuentes (1704), Garachico (1706) o Chinyero (1909), están relacionadas con el sistema volcánico central del Teide y ayudan a entender su evolución.
En definitiva, el Parque Nacional del Teide es un auténtico museo geológico al aire libre. Conos, coladas, roques, tubos y domos nos permiten leer en el paisaje la historia volcánica que ha modelado Tenerife. Cada forma del terreno, cada tipo de roca, cuenta una parte de esa historia. Visitar el Parque es asomarse al corazón de un volcán y descubrir cómo el tiempo, el fuego y la tierra han creado uno de los entornos naturales más singulares del mundo.