Alrededor de 6.000 habitantes se reparten 30 entidades de población, Cabo de Gata se configura como un espacio poco poblado, siguiendo los patrones de un medio hostil al hombre, donde ha sido el duro trabajo de agricultores y ganaderos el que ha ido domando un entorno que fue poblado desde antaño por mineros, pescadores, agricultores, ganaderos trashumantes y gentes dedicadas a los trabajos artesanales de cerámica, fibras naturales y telares de jarapas.
La Reserva cubre parte de los términos municipales de Almería, Carboneras y Níjar, siendo éste último el que más superficie aporta.
La ganadería, semiextensiva y tradicional, se centra en la cría de cabras y ovejas. La cabra blanca celtibérica conserva en este lugar uno de los últimos lugares de cría de toda la península.
En la actualidad, el único aprovechamiento forestal que existe es el de aromáticas. La caza menor tiene carácter social y deportivo, por lo que no tiene gran incidencia económica.
La minería, que ha sido tradicional en estas tierras, se limita hoy a la extracción de bentonitas, con numerosas aplicaciones industriales y medioambientales, y a la explotación de la sal, gracias a la cual se mantiene un Humedal de Importancia Internacional.
Actividades económicas
Si bien las actividades económicas principales se encuentran fuera de la Reserva, el desarrollo se ha centrado en la implantación de una sostenibilidad asociada a la característica de Espacio Protegido. Las actividades principales actualmente son el turismo, que ha provocado la proliferación de casas rurales y hoteles con encanto que invitan a un turismo diferente al de otras zonas del sur de España; la pesca de bajura, con una flota artesanal que en algunos puntos se ha reconvertido hacia la acuicultura; y la agricultura en dos variantes: intensiva y ecológica.