La Reserva se encuentra salpicada de idílicos asentamientos tradicionales cuya población asciende a 19.781 habitantes, representa el 2,34% de la población insular. De incalculable valor son las innumerables estructuras heredadas de la sociedad tradicional, que habitaba en la Reserva hasta aproximadamente la década de los años 60, utilizadas para el aprovechamiento de los recursos que la naturaleza brindaba.
El mantenimiento de los oficios tradicionales es otro de los elementos dinámicos de la Reserva con funciones de servicio cultural. Muestra de ello son el cuchillo canario, los calados, cestería tradicional y alfarería tradicional. Los tallares loceros solían estar en cuevas excavadas en toba volcánica cocidos en horno de piedra o al cielo abierto.
Predomina la ganadería de carácter tradicional, dada la abrupta orografía del territorio.
Destacan los rebaños de ovejas en trashumancia, con una importante producción en quesos artesanales, así como el cochino negro de raza autóctona canaria (cerdo).
La agricultura de exportación, altamente tecnificada, se localiza entre el nivel del mar y la cota de 300 metros, sus exponentes son el tomate, los plátanos, los frutos subtropicales, los pimientos, las flores y plantas ornamentales.
La agricultura de mercado interior, localizada en medianías y cumbre, se confunde con frutales, hortalizas, papas y cereales.
Economía local
Bancales, hornos de cal, hornos de tajas, de brea y una densa red de caminos reales y senderos, utilizados antaño para desplazarse por el interior de este espacio. Destaca como patrimonio construido y como función de servicio a la economía local.