Gran parte del paisaje y de los tipos de ecosistemas que hoy existen en la Reserva son fruto de la coexistencia del ser humano y el medio natural. Hasta el momento, estos aprovechamientos han sabido compatibilizar la conservación con el uso de los bienes y recursos que proporcionaba el medio, por lo que puede considerarse como un ejemplo de modelo de desarrollo sostenible.
Sin embargo, en la actualidad, como en muchas otras zonas de montaña, el territorio de la Reserva constituye un espacio de montaña cuya estructura productiva tradicional, basada en la ganadería y la actividad forestal, ha sido transformada totalmente en las últimas décadas.
En la actualidad las comunidades locales dependen de manera muy estrecha del sector turístico, bien por ser la actividad productiva principal, como por ser una ayuda complementaria para aquellos que realizan actividades del sector primario, ganadería principalmente (la cual mantiene todavía cierta importancia y es fundamental para el mantenimiento del paisaje) y pequeñas empresas de transformación de productos endógenos.
Y es que el lugar donde se enclava la Reserva de la Biosfera presenta enormes valores naturales, culturales y deportivos. Las principales actividades turísticas se corresponden con las actividades de montañismo y senderismo, así como deportes activos, barranquismo, rafting, etc., (siempre fuera de la zona núcleo) y con los deportes de nieve (estaciones de esquí alpino de Formigal y Panticosa y de esquí de fondo en Fanlo, Pineta y Panticosa).
También la presencia de aguas termales (Balneario de Panticosa) y otro tipo de actividades deportivas como la caza y la pesca, hacen de la Reserva una zona con innumerables atractivos, que se confirman en los aproximadamente 1.500.000 visitantes anuales.