El territorio de la Reserva de la Biosfera de La Siberia ha estado habitado desde la Prehistoria, como atestiguan los numerosos vestigios arqueológicos repartidos por toda la comarca. Se han documentado asentamientos paleolíticos y neolíticos -entre ellos varios castros y el Dolmen de Valdecaballeros, situado en el Cerro de la Barca-, así como importantes enclaves de época romana, como la antigua ciudad de Lacimurga. A estos se suman restos visigodos y árabes, reflejo de la continuidad histórica del poblamiento.
A lo largo de los siglos, sus habitantes levantaron cabañas, poblados y fortalezas con el fin de organizar y proteger a la población frente a posibles amenazas. En la Edad Media destacaron especialmente los castillos de Puebla de Alcocer y Herrera del Duque, piezas clave en la defensa estratégica del territorio.
La evolución demográfica de los municipios de la Reserva ha sido variable. En términos generales, la población creció conforme mejoraban las condiciones de vida, estableciéndose en pequeñas aldeas situadas en las laderas de las sierras y próximas a ríos o fuentes que garantizaban el abastecimiento de agua. Sin embargo, en las últimas décadas se ha producido un acusado proceso de despoblación rural, motivado por la baja natalidad y, sobre todo, por la intensa emigración hacia áreas urbanas durante los años sesenta y setenta del siglo XX, una tendencia que aún hoy tiene repercusiones.
Desde el punto de vista económico, la Reserva de la Biosfera de La Siberia cuenta con recursos abundantes y diversificados que sustentan distintos sectores productivos. Tradicionalmente han destacado la ganadería, la agricultura, la caza y los aprovechamientos forestales. Se trata, además, del territorio español con mayor volumen de agua embalsada y más kilómetros de costa de agua dulce, lo que le confiere un notable potencial para el desarrollo agroganadero, agroalimentario y turístico. En los últimos años se ha consolidado como un destino de referencia para el ecoturismo, al tiempo que crecen las actividades vinculadas a la industria, la economía verde y las energías renovables. El sector servicios es actualmente el que concentra mayor número de empresas y empleo.
La dehesa constituye una de las principales señas de identidad del territorio y sustenta múltiples actividades tradicionales. Entre ellas destacan la extracción de corcho del alcornoque -empleado en la fabricación de tapones, aglomerados o materiales aislantes-; la obtención de leña, principalmente de encina, utilizada como combustible o para la producción de carbón vegetal; la resinación de pinares; los cultivos rotacionales de secano; y la apicultura, favorecida por la abundante flora melífera. En este ámbito sobresale Fuenlabrada de los Montes, conocida como el “pueblo de la miel”.
Otra actividad relevante es el aprovechamiento cinegético, con la montería como modalidad más característica. En este contexto destaca la Reserva Regional de Caza del Cíjara, situada en el norte del territorio. Asimismo, la pesca ocupa un lugar fundamental gracias a la extensa red de embalses -Cíjara, García de Sola, Orellana y La Serena-, que convierten la zona en un espacio privilegiado no solo para los aficionados a la pesca, sino también para la observación de aves y la práctica de deportes náuticos.
En el sector secundario, la energía y la gestión del agua desempeñan un papel clave en el desarrollo industrial. No obstante, predominan las empresas de transformación vinculadas al sector primario, especialmente las dedicadas a la elaboración y procesado de productos agroalimentarios. En este sentido, la Marca “La Siberia, Reserva de la Biosfera” integra a empresarios del ámbito agroalimentario y turístico con el objetivo de comercializar y poner en valor los productos locales, así como de ofrecer experiencias ligadas al ecoturismo.
El sector terciario agrupa una amplia variedad de actividades. El comercio es mayoritariamente minorista, con especial protagonismo del pequeño establecimiento dedicado a la venta de productos textiles y agroalimentarios. Además, la riqueza hídrica y forestal de la Reserva impulsa la economía y el empleo verde, favoreciendo la aparición de nuevas oportunidades laborales relacionadas con la gestión sostenible de los recursos naturales, las energías renovables y la eficiencia energética.