La tendencia demográfica ha sido descendente desde mitad del siglo pasado hasta hoy. Así, en los años 50 superaba los 10.000 habitantes, y actualmente no llega a los 3.500 (3.217 en concreto). En cuanto a estructura poblacional, la mayor parte de la población se sitúa en un rango de edad por encima de los 60 años.
Las principales actividades económicas que se han desarrollado en esta Reserva están íntimamente ligadas a los recursos naturales que ofrece el medio. Desde el aprovechamiento de los ricos pastos por parte de una ganadería de calidad de vacuno, equino y ovino, pasando por una agricultura de autoconsumo, hasta el aprovechamiento de los montes para la obtención de leñas, miel, genciana y, últimamente, setas. El éxodo rural que sufrió la Reserva durante el pasado siglo, motivado por el desarrollo industrial y la dura vida del campo, trajo consigo el abandono de muchas explotaciones y la pérdida de prácticas agroganaderas tradicionales, permitiendo la colonización de estos espacios por parte de la vegetación. Otro de los sectores económicos fundamentales es el sector terciario; por un lado ofrece los servicios básicos a la población, como alimentación, sanidad o educación primaria, y por otro está desarrollando un turismo basado en la riqueza cultural y natural de la Reserva. Destacan dos puntos de alto interés turístico: el embalse de Barrios de Luna, en el valle de Luna, uno de los pocos navegables de la provincia de León, y los bosques de roble y abedul del valle de Omaña, que componen el hábitat de especies emblemáticas como el oso pardo y el urogallo cantábrico.
Un turismo bien gestionado, y el fomento de la ganadería y la agricultura, deben ser las herramientas que permitan alcanzar un desarrollo sostenible. La declaración como Reserva de la Biosfera está siendo un aliciente más a sumar a los muchos que ofrece esta tierra.