La coexistencia de actividades rurales tradicionales con nuevas dinámicas económicas vinculadas principalmente al sector servicios y al turismo sostenible, caracterizan la socio economía del Macizo de Anaga. Históricamente basada en la agricultura, la ganadería y la pesca artesanal, la economía local ha experimentado una progresiva transición hacia actividades terciarias, influida por cambios sociales, el envejecimiento poblacional y las dificultades asociadas a un territorio montañoso con presencia de caseríos dispersos como Chamorga, Afur, Roque Bermejo o El Batán.
El sector agrícola ha registrado un descenso general reflejado en el abandono de tierras y la reducción de superficie cultivada. Sin embargo, se observa el mantenimiento de cultivos tradicionales como la papa, la batata, la viña, sobre todo en las zonas de medianía, o el plátano en la franja litoral de Punta del Hidalgo; así como una incipiente tendencia hacia prácticas más sostenibles y ecológicas en algunas zonas. Los mercadillos agrícolas de proximidad, como el Mercadillo del Agricultor y Artesano de Tegueste, contribuyen a la comercialización de productos locales y al apoyo del tejido rural. La pesca artesanal continúa presente, aunque con menor actividad que en décadas anteriores. Paralelamente, el sector servicios se ha consolidado como principal motor económico, destacando el crecimiento del turismo vinculado a la naturaleza y al senderismo, que ha impulsado la creación de alojamientos y servicios asociados.
Entre los principales retos se encuentran el envejecimiento demográfico, el abandono agrario y la presión derivada del aumento de visitantes. Desde la Reserva se promueven iniciativas orientadas a fortalecer la economía local, apoyar el sector primario y valorizar productos tradicionales mediante la Marca Reserva de la Biosfera, favoreciendo oportunidades económicas compatibles con la conservación del territorio.